Sara se desespera y busca “ayudar a Dios”

Sara se desespera y busca “ayudar a Dios”

En la Biblia no nos encontramos gente perfecta sino seres humanos como tú y yo, que se equivocaron. Hay una historia de alguien que no supo esperar el tiempo de Dios que a mi me llama la atención y quisiera reflexionar en torno a ella. Se trata de la historia de Sara, la esposa del patriarca Abram y se encuentra en el Capítulo 16 del libro de Génesis bajo el subtítulo de Agar e Ismael.

1 Sarai mujer de Abram no le daba hijos; y ella tenía una sierva egipcia, que se llamaba Agar.

2 Dijo entonces Sarai a Abram: Ya ves que Jehová me ha hecho estéril; te ruego, pues, que te llegues a mi sierva; quizá tendré hijos de ella. Y atendió Abram al ruego de Sarai.

3 Y Sarai mujer de Abram tomó a Agar su sierva egipcia, al cabo de diez años que había habitado Abram en la tierra de Canaán, y la dio por mujer a Abram su marido.

4 Y él se llegó a Agar, la cual concibió; y cuando vio que había concebido, miraba con desprecio a su señora.

5 Entonces Sarai dijo a Abram: Mi afrenta sea sobre ti; yo te di mi sierva por mujer, y viéndose encinta, me mira con desprecio; juzgue Jehová entre tú y yo.

Agar era, sin duda, parte de lo que Abram recibió en Egipto. Sarai animó a Abram a tomar parte en una costumbre de una madre sustituta de esos tiempos. Según la costumbre, el niño se consideraría el hijo de Abram y Sarai; no de Abram y Agar. Sarai hizo algo que va en contra de la naturaleza de las mujeres: Dio otra mujer a su marido. Probablemente hizo eso porque había escuchado la promesa de Dios (que Abram sería padre de muchas naciones), pero pensaba que ella misma era lo que estorbaba el cumplimiento de la promesa de Dios. Así que, en un intento a “ayudarle a Dios”, dejó que su marido se llegara a su sierva.

Aunque esta costumbre de madres sustitutas era común y aceptado en aquel día, no significa que era bueno. Dios obviamente no les estaba dirigiendo a Abram y a Sarai, a que hicieran eso. Habían pasado más de diez años desde que se dio la promesa sobre la descendencia de Abram. Casi siempre, diez años se siente como mucho tiempo cuando uno está esperando el cumplimiento de una promesa de Dios.

Tener que esperar el cumplimiento de la promesa por tanto tiempo los desanimó y lo hizo más fácil que ellos actuaran en la carne. Pero aun después de esto, la promesa no se cumplió por 13 años más.

Cuando nosotros, por nuestra impaciencia, intentamos “ayudarle a Dios” actuando en la carne, no logramos nada, y, a veces, hasta hacemos que se alargue el tiempo antes de que se cumpla la promesa. Jacob tuvo que vivir en tierra ajena por 25 años porque pensó que debía “ayudarle a Dios” para obtener la bendición de su padre. Moisés tuvo que cuidar ovejas por 40 años en el desierto después de que intentó “ayudarle a Dios” asesinando a un egipcio.

Ciertamente Abram estaba actuando en la carne cuando acordó inseminar a Agar, y no estaba confiando en la capacidad de Dios de proveerle un heredero por Sarai. De la perspectiva de Sarai, sucedió lo peor que pudo haber sucedido: Agar se embarazó. Esto comprobaba sin dejar ninguna duda que el problema era de Sarai y no de Abram, y también pudiera hacer que la gente pensara que Agar era una mejor mujer y más bendita que Sara

El desprecio de Agar por Sarai inició el problema. No podía aguantar no mostrar cierto sentimiento de superioridad inapropiada, pensando que el hecho de que estaba en cinta, de alguna manera, la hacía mejor que Sarai. Sarai culpó Abram por toda la situación, y con buena razón. Él debía haber actuado como el líder espiritual y debía haber dicho a su esposa que Dios era capaz de cumplir lo que había prometido, y que no necesitaban “ayudarle a Dios” con obras de la carne.

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